La Fe que libera

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 12/08/2017 - 10:38am
Edicion
329

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

19° Domingo del tiempo ordinario

1Reyes 19, 9a. 1113a: «Ponte en pie en el monte ante el Señor»

Salmo 85 (84): «Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación»

Romanos 9,1-5: «Quisiera ser un proscrito, por el bien de mis hermanos».

San Mateo 14, 22-.23: «Mándame ir hacia Tí andando sobre el agua».

El profeta Elias detecta la presencia y la palabra de Dios en el susurro de la brisa. No en el huracán, ni en el fuego ni en el terremoto. Este acontecimiento bíblico es místico y simbólico. Experimentar a Dios que nos habla en nuestras vidas, exige silencio y sencillez. Puesto que Dios no se revela usualmente en el bullicio de los asuntos mundanos y de la publicidad, ni en la atracción de lo espectacular.

San Pablo, por supuesto, era un cristiano, pero también era un judío, por nacimiento y cultura. Y como judío su corazón sufría por la situación religiosa de los dirigentes de su pueblo, que hasta el momento habían rechazado a Jesús. No hay incompatibilidad entre ser un buen católico y un buen ciudadano. Por el contrario, la fe da nuevos fundamentos para preocuparnos por nuestro país y nuestros conciudadanos.

Algunos puntos importantes de este Evangelio:

a) Jesús va a la montaña a rezar solo. Este hecho está citado muchas veces en los Evangelios; la oración de Jesús impresionó a sus discípulos. Jesús quiso orar y lo necesitaba. Por la oración expresó su amor e intimidad con el Padre; por su oración contribuyó a nuestra redención. Y nosotros estamos llamados a participar en la oración de Jesús.

b) los discípulos en el lago estaban atemorizados al acercarse Jesús. Lo tomaron por un fantasma. Y Jesús los reprendió por su fe débil, y por su miedo. Ver fantasmas donde no los hay, tener miedo de Dios o cosas parecidas, son formas de ansiedad religiosa y a menudo de superstición. De acuerdo con este episodio del Evangelio, estas actitudes tienen que ver con una fe pobre. Podemos entonces decir -apoyados igualmente en la experiencia común- que una fe débil lleva fácilmente al miedo y a la superstición, mientras que una fe fuerte expulsa el miedo y la superstición. Y la gente «fuerte» que afirma no necesitar la fe, tiene a menudo supersticiones escondidas y creencias extrañas. Lo que muestra la experiencia, lo confirman las palabras de Jesús en el Evangelio.

Algunas preguntas para pensar durante la semana

1. ¿De qué maneras confundo a Dios con algo miedoso?

2. ¿De qué maneras mi fe me ayuda a eliminar los temores y las creencias irracionales?

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