Advertencia con los préstamos tóxicos en vivienda y consumo

Por Luz Betty Jime… el Sáb, 12/08/2017 - 10:19am
Edicion
329

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.

La crisis financiera generada en Colombia con la implementación del sistema de las UPACs (unidades de poder adquisitivo constante) destinada a la adquisición de vivienda y la que se produjo hace diez años en USA con las denominadas “hipotecas basura” (subprime), posee ciertos rasgos comunes no obstante sus diferencias específicas. Tanto la una como la otra estuvieron motivadas por el afán de lucro de los banqueros y en general del sistema financiero las cuales trajeron graves consecuencias en cada uno de los países afectados y en el mundo capitalista globalizado.

Como es sabido, la función de los banqueros es captar dinero, pagar las cuentas de sus clientes y realizar préstamos que cobran de acuerdo con una determinada tasa de interés cuya fluctuación depende del precio del dinero en el mercado, lo cual constituye la base de sus ganancias, parte de las cuales utilizan en la reproducción del negocio.

Por regla general los bancos mantienen en sus cajas una porción mínima del dinero depositado para atender los retiros de los depositantes y el pago de sus obligaciones. Sin embargo, cuando se producen ciertas conmociones (pánico financiero y económico, guerras, golpes de Estado), o se incumple con las regulaciones propias del sistema financiero relacionadas con el otorgamiento de los préstamos, no es improbable que los depositantes acudan presurosos a reclamar su dinero hasta agotar los fondos del banco, lo cual puede conducir a la quiebra del mismo sí para aquel momento éste no se ha preparado para afrontar el embate de los retiros tomando en préstamo de otros bancos privados o estatales la cantidad de recursos necesaria para atender los requerimientos de los depositantes.

La necesidad de colocar el capital de préstamo o monetario con el fin de que no se desvalorice y genere los rendimientos económicos esperados, es lo que hizo que los banqueros otorgaran afanosamente a un sinnúmero de personas que no cumplían con los mínimos requisitos legales, una serie de préstamos con destino a la adquisición de vivienda y de gastos de consumo, que luego no pudieron cancelar, dadas sus limitaciones económicas que les impidieron absorber el mayor costo de los créditos y de las cuotas mensuales a pagar, las cuales se modificaron de acuerdo con la cotización que adquirieron en el mercado en el caso del UPAC y de las fluctuaciones del precio de los préstamos y de la vivienda en Estados Unidos, amparadas por las denominadas “hipotecas basura”.

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Dichos eventos transcurren en medio de la desaceleración de la economía y la crisis recesiva que se desató en ambos países y que trajo mayor desempleo y por tanto una disminución sustancial de los ingresos de los prestatarios, que finalmente terminaron perdiendo sus viviendas, el crédito y padeciendo las peores condiciones sociales. Circunstancias estas que fueron agravándose al convertirse en una tendencia que desbordó al propio sistema y produjo la bancarrota de las instituciones financieras que perdieron su capital de préstamo y arruinaron a millones de familias, teniendo los gobiernos que asumir con recursos estatales la crisis económica y financiera, que en última instancia hace parte de la crisis general por la que atraviesa el capitalismo global, que tiende a repetirse en un plazo cada vez mas corto y con mayor profundidad devastadora.

Por supuesto que la crisis económica y financiera no es un asunto que puede explicarse simplemente aludiendo al hecho de que los banqueros se desbordaron con el otorgamiento de los préstamos, valiéndose para ello de toda clase de halagos y facilitándoles inicialmente a los prestatarios la consecución de sus créditos y amortizaciones.

En todo lo anterior existe una gran contradicción que en las condiciones del régimen capitalista se vuelve insoluble y consiste en que los banqueros no pueden dejar de acumular y de prestar dinero que se convierte en una mercancía que objetivamente los lleva a tener que colocar el capital dinero en el mercado para impedir que se desvalorice, lo que encuentra en la práctica la barrera de una demanda restringida por el alto precio del dinero o la pérdida limitada de la capacidad de crédito de los potenciales prestatarios, que se traduce en una limitante para el sector financiero que aspira obtener ingentes utilidades aún a costa de trasgredir sus propios reglamentos y las leyes económicas tal como sucedió con los dos casos anotados.

La crisis económica por lo regular se refleja en el campo financiero el cual a su vez influye en las diferentes áreas de la vida económica, política, social, administrativa, cultural, etc., paralizando el crecimiento y desarrollo de dichas campos de la sociedad, en tanto que la misma crisis financiera no se puede remediar con regulaciones y supervisión de los órganos del Estado cuando aquella hace parte del proceso de descomposición del régimen capitalista y su profundización impide la recuperación del sistema.

De hecho en este momento en Colombia los banqueros están preocupados por el crecimiento de la cartera morosa, la cual se vuelve difícil de recuperar, pudiéndose afectar el patrimonio y los activos del sector financiero y con ello ocasionar la pérdida del capital de préstamo y de los depósitos de los cuenta habientes y de los ahorradores.

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