Comprar la ciudad

Por Benjamin Barne… el Sáb, 12/05/2018 - 11:30pm
Edicion
368

Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Univalle y la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, y continua siéndolo en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en Caliescribe.com desde 2011.


no cumplir con la ley simplemente pagando

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la gente bulliciosa compra el silencio de los que van a callarlos

En Cali se puede pagar para no cumplir con el Pico y Placa; es decir, por no respetar una norma de tránsito, lo que por supuesto es una medida aberrante pues induce a no cumplir con la ley simplemente pagando, pero, afortunadamente, fracasó. Mientras que propuestas sensatas, como pagar por estacionar en las vías públicas quedó en nada, y los carros se siguen trepando a los andenes, usando los antejardines como parqueaderos “privados” y bloqueando garajes, y cada vez hay más “parapolicías de tránsito” indicando como hacerlo con su trapito rojo, en incluso “dan vía” en los semáforos dañados y en cruces congestionados a cambio de unas cuantas monedas.

¿Pagar por poder hacer ruido? también cabría entonces preguntar a continuación. Como se sabe, la costumbre en Cali es que la gente bulliciosa compra el silencio de los que van a callarlos. Es de esperar que con las nuevas medidas anunciadas por el Dagma, y con el nuevo Código de Policía, ya no sea tan fácil, o por lo menos será más caro. Por lo pronto hay que denunciar a los que confunden la  bullaranga y las risotadas con la alegría, o que no conversan por la noche sino que gritan, al correo electrónico contactenos@cali.gov.co y en quince días hábiles se supone que le darán una respuesta, según lo anuncio El País (12/02/2018), y pueden que los aburran las inspecciones.

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Pero al contrario de lo de pagar por no cumplir con el Pico y Placa

Pero más grave aún es que en Cali también se puede pagar para poder construir más altura de la permitida; es decir, por no respetar las normas derivadas del POT, lo que por supuesto es igualmente una medida aberrante pues induce a no cumplir con la ley simplemente pagando.

Pero al contrario de lo de pagar por no cumplir con el Pico y Placa, los edificios altos continúan tapando la vista a los cerros, que además se invaden, y bloqueando la brisa fresca que baja de ellos, o que surgen desocupados, pues son lavaderos, de la planicie, sobre todo alrededor de Jamundí, casi tan amenazantes como las cuatro vergonzosas y enormes torres justo al lado del Castillo de San Felipe en Cartagena.

¿Pagar por cambiar de uso? De hecho al pagar por cambiar la altura también se está pagando por cambiar de uso, pues no es lo mismo una casa que un edificio de apartamentos que demanda otra infraestructura vial y de servicios públicos; como tampoco son iguales una vivienda y un local comercial. Lo que genera graves problemas como el del tránsito en el sur, y cada vez más en toda la ciudad (que va para Bogotá), en manos de un transporte público que no es ni lo uno ni lo otro a cabalidad, ni mucho menos integrado. Y por supuesto abundan los nuevos usos sin licencia, como hostales y restaurantes en San Antonio, por ejemplo, que ni siquiera pagan por no cumplir con las normas.

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no pagar lo que corresponde de impuesto predial

más culpables son los que no votan ni siquiera en blanco

Comprar la ciudad y además no pagar por ello, o no pagar lo que corresponde de impuesto predial, es otro aspecto de la corrupción actual en el país que pocas bolas se le ha parado, pese a ser mas grave que robar al erario pues el daño que se les hace a las ciudades es a largo plazo. Aunque es preciso señalar que es la corrupción de los políticos y funcionarios la que permite pagar por no cumplir con las normas de la ciudad. Al fin y al cabo compran los votos que los elijen y venden los cargos que luego dispondrán, lo que lleva a constatar que, en últimas, son sus electores ignorantes y vendidos los que están vendiendo la ciudad; pero más culpables son los que no votan ni siquiera en blanco.

N R : El subrayado es nuestro

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