Fiesta del bautismo del Señor

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 12/01/2019 - 10:22am
Edicion
403

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

Termina Navidad, empieza la Misión

Evangelio: san Lucas 3, 15-16.21-22: “cuando Jesús fue bautizado…se abrió el cielo”.

Con la fiesta de hoy termina el ciclo de la navidad. Con las vísperas, retiramos ya los símbolos del tiempo navideño y dejamos paso a las semanas de Tiempo Ordinario que precederán a la Cuaresma. En rigor, hoy sería el Domingo primero del Tiempo Ordinario: pero en él siempre se celebra esta fiesta del Bautismo. Terminamos la Navidad con la escena que da inicio a la misión pública de Jesús: su Bautismo en el Jordán, ... donde recibe la confirmación oficial de su  mesianismo.

Del Niño recién nacido pasamos al Profeta y Maestro que nos ha enviado Dios que va a comenzar su Misión. Seguimos en clima de Epifanía, de manifestación, con lecturas bíblicas diferentes para cada uno de los tres ciclos dominicales. Puede parecer un tanto brusco este paso de la Infancia de Jesús a su vida pública: ... pero Lucas no quiere sencillamente narrar cosas, sino transmitir un Evangelio», la Buena Noticia que Jesús mismo era y predicaba.

La Palabra de Dios en este Día del Señor nos invita a contemplar y adorar el rostro de Cristo, que San Agustín lo ha presentado así en una reflexión suya: «en aquel rostro nosotros llegamos a entrever también nuestros trazos, los de hijo adoptivo que nuestro Bautismo revela».

El Bautismo: a la raíz de la vida cristiana

Hay muchos momentos importantes y de gracia particular en nuestra vida cristiana en los que captamos, de modo eminente, la acción de Dios en nosotros. Estos momentos los vivimos durante el Año Litúrgico y en varias circunstancias de la vida como en la Eucaristía dominical, en la escucha de la Palabra de Dios, en la lectura de la Escritura.

Hay también los momentos en los cuales se nos coloca ante las grandes decisiones morales de decir sí o no a Dios, a la honestidad, a la vida. Todos estos momentos le dan calidad a nuestra existencia cristiana: nos hacen sentir muy cerca la fuerza de Dios, la responsabilidad de nuestra fe. Ahora bien, los momentos de nuestra vida que marcan de manera particular la presencia y la acción de Dios en medio de nosotros, que son los sacramentos, tienen un fundamento, una raíz originaria: el Bautismo.

El Bautismo es el acontecimiento que funda y determina las etapas de la vida del cristiano; ... es la explicación y la fuente de todo lo que nosotros hacemos desde la oración a la Eucaristía, hasta el servicio sacerdotal,  episcopal, ... al servicio de la caridad, al dar la vida, si es necesario, por los hermanos, hasta el entregarnos por los que están en dificultad. El bien que se hace y se hará nace de este particular y privilegiado encuentro con Dios que es el momento bautismal. Es, pues, un hecho importantísimo, radical, que cambia totalmente la atmósfera y el horizonte de la vida. Presentamos los niños a la fuente bautismal porque deseamos que también ellos, como nosotros, «no vivan ya para sí mismos», como dice San Pablo, sino «para aquel que murió y resucitó por ellos».

Es decir, vivan una existencia basada en el amor, en la justicia, en la esperanza: ... experiencia difícil pero maravillosa, si pensamos que el mundo y la sociedad exaltan el interés personal a toda costa, aun en perjuicio del bien de los demás, de la justicia, incluso pisoteando los derechos y la vida de los demás.

Nosotros, en cambio, proclamamos ante Dios que el hombre está llamado a poner la vida presente y futura en las manos del Padre para dejarse guiar por su amor, por el Evangelio y por la fuerza del Espíritu que se nos da en el Bautismo. Con el Bautismo, pues, cada uno de nosotros se entrega con amor y confianza a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Y Dios, la Trinidad de amor, nos recibe en custodia, nos acoge y desde ese momento ya no estamos solos ni temerosos por el futuro; somos hijos de Dios, hermanos en Jesucristo, personas capaces de amar con la fuerza del Espíritu. Si en realidad pudiéramos comprender la potencia explosiva de este misterio, la capacidad que ella tiene para renovar el mundo, cambiar la faz de la tierra, nos llenaríamos de alegría al recordar lo que en nosotros se ha realizado y al pedir: «Señor, aviva en mí la gracia del Bautismo».

¿Que hace de nosotros el bautismo?

El Bautismo - marca para nosotros el ingreso en la gran familia de la Iglesia, - nos capacita para celebrar la Eucaristía, ... para escuchar y testimoniar la Palabra de Jesús, ... para vivir la caridad fraterna, ... para poner nuestros dones al servicio de todos.

- El Bautismo, en fin, nos convierte en signo de esperanza para toda la humanidad, porque crea en nosotros una humanidad nueva, libre del pecado, lista a entrar en los varios ámbitos de la convivencia humana,... no con el egoísmo agresivo de quien lleva a todos y todo a sí mismo,... sino con la firme disponibilidad de quien, dejándose atraer por Cristo, está dispuesto a ayudar, a colaborar, a servir, a amar. De esta manera, nos abre a la acción de la Misericordia, porque nos capacita para «vencer la indiferencia» y «conquistar la paz». La meditación sobre nuestro Bautismo es siempre profundamente consoladora. Es una meditación que tranquiliza nuestra mirada sobre el mundo.

Aunque los problemas que tengamos ante nosotros sean enormes, ... el Bautismo, mientras sigue reviviendo en nosotros y generando siempre nuevos hijos para la Iglesia, nos llena de confianza ... porque, en los bautizados, Cristo sigue venciendo con amor el mal que hay en el mundo. Nuestra conversión es conversión bautismal. Fuimos bautizados en Cristo Jesús, sepultados con él en la muerte, para que pudiéramos caminar en una vida nueva ;  ... para que no fuéramos más esclavos del pecado, y de todos los temores que son aliados del pecado: miedo de la muerte, miedo del fracaso, miedo de perder la estimación de los demás, miedo de no ser considerados a la altura de nuestra misión.

Se nos ha dado un espíritu de amor, no de temor ni de esclavitud. Dios mismo es quien nos ha conferido la unción y nos ha dado la coraza del Espíritu en nuestros corazones,... gracias a la cual caminamos en la confianza y le damos a Dios el nombre de Padre. Pidamos al Señor que nos conceda a todos la gracia de caminar en esta confianza. Nunca como los que llevan cargas pesadas y casi insoportables y caminan gimiendo, ... sino como hombres libres, llamados a una vocación entusiasmante, que con la gracia del Señor realizamos con gusto, que vivimos gustosamente ante Dios y ante los hombres.

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