Historia urbana sin memoria

Por Carlos Enrique… el Sáb, 11/03/2017 - 11:45am
Edicion
307

Hacia 1998 durante la alcaldía de Ricardo Cobo Lloreda se adelantó una reforma administrativa que llevó a la liquidación de cientos de cargos en diferentes dependencias, la que se acentuó en la administración siguiente, Jhon Maro Rodríguez. Allí se fueron muchos empleados del Departamento Administrativo de Planeación Municipal que tenían en común ser técnicos en algún campo relacionado con la Planeación Urbana.

Aunque hoy, a la distancia, se podría hacer referencia al caso como algo que parecería rutinario en diferentes momentos de la historia particular de la administración local, lo cierto es que detrás de tal acto se acabó de perder buena parte de la memoria histórica de la transformación urbana de Cali, según fueron liquidados los cargos de quienes con algún rigor estaban al frente del archivo de mapas y planos de todo aquello que se había aprobado al menos durante medio siglo XX.

Las dolorosas lamentaciones se quedaron dentro de los círculos familiares de los afectados, por obvias razones. Pero del resto de la ciudadanía, representada por organismos y gremios –incluyendo la Academia de la cual hace parte el autor de esta nota- que reclaman ser dolientes de lo que suceda en la ciudad, no se registró ninguna crítica, ni queja, ni reclamo. O, si la hubo, no trascendió a favor de una alternativa que, al menos, buscara mitigar los efectos que la purga generó.

Y cuál es el problema con esta actitud indolente de las autoridades locales en ese momento?

Que se perdieron o embolataron registros que son la memoria de toda clase de operaciones urbanísticas y arquitectónicas que sufrió la ciudad en buena parte de su transformación morfológica hasta el día de hoy, y se creó una dependencia perversa de poder contar con una persona que, desde entonces –no sé hasta cuándo, si continua haciéndolo o fue relevada como contratista- retenía en su cabeza buena parte del archivo.

Una administración municipal que se reclame responsable de la transformación urbana de la ciudad que gobierna –que no toda transformación urbana es desarrollo urbano- tiene que asumir como tarea inaplazable, la construcción de un archivo sistematizado de mapas y planos de proyectos, construidos o no, que se integre al Archivo Histórico de la ciudad y que pueda ser consultado por la comunidad, historiadores, arquitectos, urbanistas, políticos en trance de superar su ignorancia histórica, organizaciones cívicas, para poder alcanzar un nivel mínimo de aproximación fundamentada a los problemas críticos de la ciudad, en la medida en que tal ejercicio es condición para alcanzar un nivel de interpretación de nuestros problemas que trascienda la mera opinión personal.

Sólo el desprecio que se ha dado en Cali al valor histórico documental que tienen mapas y planos, puede explicar que de los planos elaborados por Karl Brunner para el proyecto Cali Futura de la década de 1940 y de Wienner y Sert para el Plan Piloto de Cali de 1950, entre otros, hayan terminado en manos de individuos que los toman como propiedad privada, a pesar de que la ciudad, con los aportes de sus contribuyentes, pagó a tan prestigiosos proyectistas de reconocimiento internacional.

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