La esperanza que nos anima

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 11/03/2017 - 5:40am
Edicion
307

P. Héctor De los Rios L.

Vida Nueva

Segundo domingo de Cuaresma

Génesis. 12, 1-4: «Haré de ti un gran Pueblo»

Salmo 33(32): «Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros»

2Timmteo 1, 8b-10: «Soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio»

San Mateo 17, 1-9: «Su rostro resplandecía como el sol»

El tema central de este segundo domingo de Cuaresma es la dificultad que implica la conversión a Cristo y a su seguimiento.

Abraham, nuestro padre en la fe, fue el primer verdadero seguidor del único y verdadero Dios, por eso en este texto se nos presenta su llamada y vocación como discípulo de Dios y jefe de discípulos. A primera vista esta llamada implica fuertes exigencias y un gran acto de fe: Abraham debe abandonar su hogar y su tierra e ir «a tierra extraña» confiando sólo en Dios.

En el mensaje a Timoteo S. Pablo exhorta a Timoteo a «asumir la parte que le corresponde en las privaciones que supone el Evangelio». Vivir de acuerdo con el Evangelio, anunciarlo y trabajar por él es difícil. Pero paradójicamente es también la mayor fuente de nuestra esperanza, si miramos más allá de las privaciones, hacia Cristo, que transforma la pena en gracia.

Mateo nos relata la transfiguración del Señor ante sus tres discípulos escogidos. ¿Por qué se nos da a leer un Evangelio tan místico en medio de la Cuaresma, un tiempo de ascética y conversión?

La respuesta es simple. En este Evangelio los discípulos pudieron contemplar, aunque muy brevemente, la plenitud y la gloria de Cristo como fuente de plenitud, gloria y felicidad para el ser humano. Los discípulos quedaron reanimados en su fe, esperanza y determinación de seguir a Jesús en sus vicisitudes y de compartir su pasión.

Después de la transfiguración, aparentemente poco había cambiado en estos discípulos. Sus defectos continuaron siendo los mismos. Pero a la larga, cuando quedaron abandonados a sí mismos después de la resurrección de Jesús, y cuando la Iglesia naciente sufría privaciones y persecución en carne propia, el recuerdo de Cristo transfigurado fue una inspiración para seguir adelante.

Cuaresma es tiempo de conversión por la oración, la práctica de la caridad y la renuncia de sí mismo. Por ello la Cuaresma es un símbolo de la condición de toda nuestra vida en su lucha para superar el mal y ser mejores. Como los Apóstoles, necesitamos ser confrontados y recordados del sentido último de esta lucha: Jesús gloria y plenitud, que estamos llamados a compartir para siempre.

Algunas preguntas para pensar durante la semana

1. ¿Qué precio (privación) he pagado por ser seguidor de Jesús?

2. ¿Traigo a la mente mi destino de felicidad con Dios, en mis tiempos de crisis?

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