El reino de la vida y liberación plenas

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 10/12/2016 - 6:42am
Edicion
294

Vida Nueva

Por P. Héctor De los Ríos L.

3er Domingo de Adviento (a)

Isaías 35, 1-6a.10: «Dios viene en persona y los salvará»
Salmo 146(145): «El Señor mantiene u fidelidad perpetuamente»
Santiago. 5, 7-10: «Manténganse firmes, porque la venida del Señor está cerca»

San Mateo 11, 2-11: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»

Junto con Juan Bautista y María, Isaías es una importante figura en el tiempo de Adviento.

Hoy leemos todavía otra profecía poética, donde Isaías simboliza algunos de los efectos del Reino de Dios que añoramos en este Adviento. Es un Reino capaz de traer alegría y esperanza a aquéllos que están desanimados: «El desierto se llenará de gozo». Es un Reino que da fuerza a los débiles y valor a los que sufren miedo. Es un Reino que libera de servidumbres:

”Los ciegos verán, los sordos oirán, los mudos cantarán». Es un Reino que viene en una persona, que es Jesucristo mismo: «Miren a su Dios, que viene en persona».

En esta lectura el apóstol Santiago nos aconseja ser pacientes, mientras esperamos la venida del Señor. Aunque su consejo llega más allá de Adviento y Navidad: esperar con paciencia es una de las cualidades de la vida cristiana. ¿Qué significa esto? Significa que en su sentido último, la iniciativa de nuestro crecimiento humano y cristiano viene de Dios, no de nosotros; es un don de Dios por el cual debemos rezar y aguardar con paciencia y esperanza.

Nuevamente el Evangelio de hoy tiene que ver con Juan Bautista, pero también tiene que ver con las credenciales de Jesús y su credibilidad como el verdadero y definitivo Salvador.

Comencemos por esto último. Algunos de los discípulos de Juan -que más adelante se unirían a Jesús- están preocupados por la naturaleza de la misión de Jesús. ¿Es sólo un profeta más, o es realmente el Mesías?: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?». Lo que aquí está en cuestión es la credibilidad de Jesús. Jesús no les da una respuesta directa. Más bien los refiere a lo que está sucediendo, a lo que él está haciendo por el bien de la gente, a fin de que estos discípulos puedan sacar sus propias conclusiones, con la ayuda de los profetas bíblicos, con los cuales estaban familiarizados (cfr. la primera lectura de esta liturgia).

Jesús les hace ver cómo los ciegos, los enfermos, los leprosos, etc., son liberados de sus miserias; cómo aun los muertos reciben nueva vida. Les hace ver cómo los pobres y los oprimidos reciben una nueva esperanza. Con ello, Jesús les está recordando las verdaderas cualidades del Reino de Dios que él trae: un Reino de misericordia, de vida, de esperanza, de liberación. Estas eran las credenciales de Jesús; solamente el Mesías, enviado por Dios podía hacer esto.

En la segunda parte de este texto, Jesús alaba al Bautista como el mayor profeta y santo hasta el momento. Aunque termina con una afirmación misteriosa: «Sin embargo, el menor en el Reino de Dios es mayor que él». ¿Qué quiere decir? Quiere decir que, a pesar de todo, Juan Bautista aún pertenecía al Antiguo Testamento; es el último de los profetas que anuncia un Reino por venir. Según esto, Jesús está subrayando el privilegio de aquéllos que, después de su venida, recibirían la plenitud de este Reino en el Nuevo Testamento.

Algunas preguntas para pensar durante la semana

1. Piensa en algún pecado, vicio o servidumbre del que Dios te haya librado.

2. Piensa en situaciones en las que fácilmente te has impacientado, cuando más bien habrías debido rezar y esperar la acción de Dios.

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