Narcotráfico

Por Benjamin Barne… el Sáb, 10/03/2018 - 11:48pm
Edicion
359

 


Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Univalle y la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, y continua siéndolo en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en Caliescribe.com desde 2011.


No hay que darle muchas vueltas al asunto para ver que el comercio ilegal de drogas prohibidas impulsó en el país la violencia, la corrupción, la codicia y el mal gusto, lo que afecta la arquitectura y esta a las ciudades. Y aunque en los últimos años, debido al largo proceso del acuerdo con las FARC, disminuyó mucho la violencia sucedió lo contrario con la corrupción, y el mal gusto se generalizo afectando negativamente la calidad de la vida urbana.

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Los que se oponen a la legalización de las drogas alegando que se ampliaría su consumo

En Cali no es sino salir a la calle y dejar de mirar el teléfono celular para verlo, si se cuenta con la sensibilidad suficiente, ya que muchos ni siquiera aprecian el bello paisaje natural que aún rodea la ciudad y nada les importa que se lo tape impunemente. O contar las obras públicas sin terminar como el terminal internacional del aeropuerto recientemente “inaugurado”, o que se están desbaratando como los paraderos del MIO.

Los que se oponen a la legalización de las drogas alegando que se ampliaría su consumo se equivocan pues actualmente se consiguen fácilmente o se las reemplaza con toda clase de psicotrópicos baratos. Los otros que se oponen, pero que no se equivocan, son los narcotraficantes, pues se les acabaría el negocio y ya no se les facilitaría volver al boleteo y el secuestro.

Y por supuesto están los que se arrodillan ante los grandes consumidores, Estados Unidos, como lo viene diciendo Antonio Caballero hace años, donde para el 2011 se calculaba que unos 22.5 millones de personas de 12 años de edad o mayores usaron alguna  droga ilícita o abusaron de medicamentos psicoterapéuticos
(https://www.drugabuse.gov), y actualmente ya en mas de la mitad de sus estados se puede adquirir mariguana con fines “recreativos”.

Aunque en Uruguay la legalización del cannabis se atascó por un tiempo (El País, Madrid 12/12/2016) el ejemplo de Holanda debería hacernos cambiar de opinión, pero poco se informa al respecto. Allá piensan que es mejor intentar controlar y reducir el daño que continuar con leyes punitivas que no lo resuelven, mientras que la asistencia a heroinómanos ha sido aplaudida por mejorar notablemente la salud y situación social de los adictos (wikipedia.org).

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son de lejos mayores los males de prohibir las drogas que los causados por su consumo

Mientras que en Cali si acaso apenas se los multa: “Cumplidos varios meses de la entrada en vigencia del nuevo Código de Policía, se puede establecer que el comportamiento en el que más se han ‘rajado’ los caleños ha sido el consumo de licor y alucinógenos en espacios públicos” (El País 27/03/2017).

Y evidentemente son de lejos mayores los males de prohibir las drogas que los causados por su consumo, pero no se las legaliza pues representan un gigantesco negocio que de una manera u otra involucra a muchos. La oferta global de drogas ha tenido que aumentar para enfrentar un incremento notable de los decomisos, y aunque su rentabilidad se ha venido reduciendo no ha sido hasta el punto de impedir la reproducción de la actividad. (Salomón Kalmanovitz, El
Espectador 22/01/2012).

Como señala Ricardo Rocha García en Las Nuevas dimensiones del narcotráfico en Colombia, 2012, citado en www.dinero.com “el comercio ilegal y los distintos grupos dedicados al tráfico de drogas han contribuido a la construcción de una nación con un campo subdesarrollado, una industria bastante atrasada y una infraestructura pobre, porque los recursos que llegaron no tuvieron cabida en la economía moderna sino en el mundo rural y la informalidad”. Quedando
en las ciudades la corrupción, la codicia y el mal gusto, que es un serio asunto cultural. 

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