La lucha contra la corrupción

Por Luz Betty Jime… el Sáb, 08/04/2017 - 12:04pm
Edicion
311

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero

En un reciente foro promovido por el diario El Tiempo, las cabezas de los organismos de control disciplinario, judicial y de fiscalización de los recursos públicos solicitaron a la sociedad civil, a la prensa y a la empresa privada su apoyo en la lucha contra la corrupción que hoy rebasa los límites de la vida económica, política y social, generando un clima de zozobra e incertidumbre, que ha conducido a que los ciudadanos pierdan la confianza en las instituciones y en sus propios gobernantes.

En una sociedad como la colombiana en donde el principal valor social es el dinero con el cual se compra la confianza de ciertos funcionarios del Estado y del sector privado, no es fácil emprender una lucha frontal contra la corrupción, cuyas formas y modalidades se han sofisticado haciéndose más difícil detectarla y que en muchos casos se fragúa en las altas esferas del poder comprometiendo incluso a jefes de Estado y representantes del gran capital financiero nacional e internacional.

Por lo demás no es extraño que la mayor parte de las investigaciones y sanciones por actos de corrupción se descarguen sobre los denominados “chivos expiatorios”, que impiden establecer los nexos con otros autores ocultos tras la cortina de la total impunidad, como tampoco poder recuperar los bienes públicos que se pierden por ejemplo con la contratación oficial a través de las alianzas público privadas que se realizan en todo el país.

Aunque el Procurador considera necesario superar el pesimismo existente frente a la corrupción, el hecho cierto es que cada vez crece la impunidad con todo y las sanciones impuestas por los altos tribunales, que tambien han sido permeados por la corrupción que genera muchos réditos en un país en donde al contrario de lo que afirma el jefe del ministerio público “ser pillo sí paga” tal como sucedió con los defraudadores del caso Interbolsa y del Fondo Premium.

Para el fiscal general “habrá que llevar a la nación al quirófano y tomar las medidas que se requieren con un tratamiento sin anestesia y dejar de tomar aspirinas frente a este mal que nos está llevando a la tumba”. Por supuesto que se necesita de una nueva medicina contra la corrupción que no esté inspirada en el lucro y la obtención de ganancias ni introduzca en la conciencia de los seres humanos el egoísmo como norma de conducta que conduce al individualismo, percibido como expresión de la libertad personal, de la libre iniciativa, tenidas como un fin en sí mismas, cuyo ejercicio demanda de ciertos medios sean estos legales o ilegales para su cumplimiento en cabeza de las clases dirigentes que utilizan a los ciudadanos en la construcción de su fin principal que es la obtención de ganancias a como de lugar, sobre la cual se edifica el andamiaje de la vieja moralidad pública y privada, que deberá sustituirse por una nueva moralidad que refleje los intereses, necesidades y exigencias del conjunto de la sociedad y no de unos cuantos privilegiados y corruptos.

Por su parte el Contralor considera que la corrupción no solo debe combatirse sino aniquilarse, pues además “deslegitima la democracia y termina horadando todas nuestras estructuras”. Esta circunstancia se acentúa aun más cuando la corrupción es utilizada como una estrategia política electoral para lograr determinados beneficios económicos, tal como sucede en la práctica inveterada de la entrega a los congresistas de los antiguos auxilios parlamentarios, hoy cupos indicativos, que se negocian con alcaldes y gobernadores para efecto de la contratación de obras públicas, además de los dineros que circulan en torno a las campañas electorales por parte de los grupos económicos interesados en la contratación estatal.

En medio de la crisis moral por la que atraviesan los partidos políticos, los medios de comunicación, los gremios económicos y diversos sectores sociales ante la irrupción progresiva de la corrupción, amplios sectores de la población  se oponen a la descomposición de aquellos valores, costumbres y principios morales y democráticos que llevan a que los ciudadanos depositen su confianza en el ser humano, el trabajo, la solidaridad y el progreso social en contra de las costumbres degradantes de las clases dirigentes que hoy viven de la corrupción.

Veeduría Ciudadana por La Democracia y La Convivencia Social

El Control Ciudadano Sobre la Gestión Pública es Condición Indispensable para el Ejercicio de la Democracia y la Convivencia Social

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