La ilegalidad, la informalidad, la corrupción, la mentira

Por Benjamin Barne… el Sáb, 07/10/2017 - 11:43pm
Edicion
337

 


Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Univalle y la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, y continua siéndolo en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en Caliescribe.com desde 2011.


Infortunadamente lo que ha hecho carrera en Colombia es justamente lo contrario: la ilegalidad, la informalidad, la corrupción, la mentira, el creer y no el saber

“Dura lex, sed lex”, una expresión originaria del Derecho romano que literalmente significa "dura es la ley pero es la ley aunque resulte desfavorable” es un mensaje conminativo a respetarla en todos los casos pues beneficia el futuro de todos. Infortunadamente lo que ha hecho carrera en Colombia es justamente lo contrario: la ilegalidad, la informalidad, la corrupción, la mentira, el creer y no el saber. Es el pasado del país al menos desde que se disparó el contrabando en el Nuevo Mundo a partir de la reformas borbónicas del siglo XVIII, y en donde en varias partes los jesuitas ejercían una autoridad  que se creía incompatible con la del Rey hasta su expulsión en 1767 (Joseph Pérez, Historia de España, 1999,  pp. 344, 345 y 348).

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Sagrada familia 

La política colonial de los Borbones para las “provincias de ultramar”, en donde sólo se destacaban las haciendas y las manufacturas,  se fundamentó en defender su imperio y hacer respetar el monopolio comercial de España en contra principalmente de Inglaterra y Holanda que se entregaron a un contrabando intenso; intérlope lo llamaron en la época y significó un freno para el desarrollo de la colonias (Pérez, pp. 354, 335 y 349). Dos siglos después es el ya viejo narcotráfico que generó la actual cultura  mafiosa desde finales del XX; o que más puede ser la corrupción generalizada en el país gracias a la inútil prohibición de las drogas, en lo que tanto ha insistido Antonio Caballero y desde hace tanto tiempo.

Es la corrupción rampante desde los grandes contratos de obras públicas, los 21 “megafracasos”, la insólita “legalización” del poder pagar para, justamente, no cumplir con la ley, como es el caso en Cali del “pico y placa”, o la de más de la mitad de sus construcciones que se adelantan sin permiso. Intérlope urbano se podría llamar a Cali, junto con “estilo intérlope” a mucha de su arquitectura actual, y “neointérlope” para la más reciente, o si se quiere “intérlope tardío”. Y no faltan los primeros brotes de una arquitectura “ancenstral-novisimo” como en Bolivia (Cholet (arquitectura) – Wikipedia) es decir, verdaderas mentiras.

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Sistema de transporte masivo MIO

Pero, regresando al inicio, el caso es que “hecha la ley hecha la trampa”, manido refrán en Colombia (que al parecer ya existía en Roma), por lo que cabe preguntarse con Caliecribe.com, 335 (23/09/2017) cómo piensan las Autoridades Municipales cumplir con el Acuerdo 241 de 2008 que ordena la construcción de la totalidad de las 21 Megaobras. O con el Acuerdo 297 de 2010 que ordena al Municipio asumir todos sus costos, y si no puede, la devolución de los dineros ya pagados por los proyectos aún no construidos.

Que contraste con el llamado “siglo de las luces”, el de la Ilustración en Europa, el mismo siglo del intérlope en América

Que contraste con el llamado “siglo de las luces”, el de la Ilustración en Europa, el mismo siglo del intérlope en América, cuando por recomendación del arquitecto

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Vía férrea - Corredor Verde de Cali

italiano Francesco Sabatini, autor del Palacio Real de Madrid, 1764, se realizaron esfuerzos por mejorar la higiene pública y la seguridad de la ciudad, y se pavimentaron las calles, se prohibió la circulación de cerdos y otros animales domésticos por ellas, se obligó a los propietarios a poner fosas sépticas en sus casas, se organizó la recogida de basuras, y se comenzó a instalar un alumbrado público, y en Toledo el Cardenal pedía al arquitecto Ventura Rodríguez la restauración del Alcázar, 1774.

Mientras que aquí aún hasta mediados del siglo XX se seguían viendo tirados en las veredas esos borrachos que Humboldt vio recoger en carretas en México (Pérez, pp. 334, 340 y 358n).

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