Jesucristo, Puerta y Pastor de las ovejas

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 06/05/2017 - 12:45pm
Edicion
315

P. Héctor De los Rios L.

Vida nueva

4° domingo de Pascua

Hechos 2,14a.36-41: «Dios lo ha constituido Señor y Mesías»

Salmo  23(22): «El Señor es mi pastor, nada me falta»

1 Pedro 2, 20b-25: «Ustedes han vuelto al pastor de sus vidas»

San Juan 10,1-10: «Yo soy la puerta de las ovejas»

San Pedro aprovecha la primera ocasión para resumir que esa historia de insatisfacción, ansiedad y esperanza, desemboca en Jesús que es, pese a sus apariencias de sencillez, aquel Mesías anhelado que Dios ha constituido como Señor. No un señor cualquiera de los que se rodean de boato y poder pero no pueden hacer nada, sólo aparentan. Este Jesús, sencillo, de familia humilde, pero elegido por Dios. es la figura del Pastor, Guía y Señor que Dios nos propone. Parece la contrafigura del éxito y la apariencia, lo opuesto al poder y a la imposición.

Para el salmista, la confianza y la seguridad se basan en la bondad y la misericordia de un Dios lleno de ternura y comprensión hacia una humanidad siempre frágil y tantas veces rota y desgarrada por lo que ve y sufre, un Dios compañero de camino para defender de los peligros y, así, dar seguridad y, al final, anfitrión que nos hospeda en su casa y «nos prepara una mesa».

En su primera carta, enseña San Pedro, que el cristiano está convocado a configurarse con la persona de Cristo, no sólo en su gloria, sino en Pasión. Cristo padeció y, así, nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas., Cristo es aquél que en sus heridas nos sana. El cristiano está llamado a vivir como el maestro el sufrimiento injusto, devolviendo bien por mal, cumpliendo, así, la voluntad de Dios y experimentando la verdadera gracia divina que se nos regala.

En este Domingo 4o de Pascua, del ciclo A, el evangelio según San Juan nos presenta Jesús cómo la puerta de las ovejas y el verdadero pastor. El mensaje central con la figura de la puerta y el Buen Pastor, como Juan la presenta, no es la misericordia, ni siquiera la bondad, sino una relación misteriosa que ya existe entre Jesús y el Padre y que se reproduce de algún modo entre el pastor y las ovejas. El pastor «saca» (vv. 3b.4a) a las ovejas del aprisco, del redil... Jesús «saca» (v. 3) a sus ovejas del judaísmo, como de una fase de la revelación superada por él. La puerta de salida es él mismo (cfr. v. 9). Y las ovejas lo escuchan y lo siguen: es otra manera de decir que las ovejas «creen» en su pastor y le creen a Él. Escuchar su voz para obedecerle, es el auténtico fruto del amor: cumplir su voluntad.

En el «Domingo del Buen Pastor» haremos bien en examinarnos si nosotros somos «buenas ovejas», «buenos obreros del Evangelio», buenos discípulos de Cristo Jesús, con una relación vital e interpersonal con Él, no sólo «creyendo en él», sino siguiéndolo... Porque nos ha dicho Pedro que Cristo «nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas».

Algunas preguntas para pensar durante la semana

1. ¿Estoy convencido que Cristo me quiere como soy, aun en mis momentos malos y defectuosos?

2. ¿Imito a Jesús el Buen Pastor en el servicio al Pueblo e Dios, en la educación de mis hijos, o como profesor, o en cualquiera que sea mi trabajo en la vida?

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