Las buenas intenciones de la Alianza Pacífico

Por Mario Germán F… el Sáb, 06/05/2017 - 8:14am
Edicion
315

Mario Germán Fernández de Soto

Si no se interponen los intereses de la geopolítica internacional, dependiente en gran parte del momento coyuntural que ahora vive Venezuela, todo indica que antes de agosto de  2017, Cali será -por segunda vez- la sede de la Alianza Pacífico, AP, la plataforma de articulación política, integración económica y de  proyección al mundo, conformada por Colombia, México, Perú y Chile, con énfasis en la región Asia-Pacífico. Es decir, el acuerdo para la plena libertad en la circulación de bienes, servicios, capitales y personas, entre estos cuatro países que suman más de 230 millones de habitantes con un Producto Interno Bruto (PIB) de 2.500 millones de dólares y un crecimiento económico promedio de 2,8% anual, lo cual evidencia su potencial.

Hasta aquí, todo bien, porque, pese a que las importaciones de los cuatro países suman más que las exportaciones, lo cual representa un déficit  en la balanza comercial, el intercambio de productos ha funcionado y hoy, desde la creación la AP en el 2011, hay una mayor apertura hacia los mercados de China, Japón y Taiwán, lo cual podría ser suficiente. Pero sin lugar a dudas, Colombia, con exportaciones menores hasta en un 14%, comparadas con los otros tres países, lleva las de perder. Y el factor desequilibrante sigue siendo el estado de nuestras vías de comunicación con los puertos por donde salen los productos. Por eso, he insistido en la necesidad de fortalecer el ferrocarril, como alternativa más eficaz y eficiente para el transporte de carga, dados los altos costos generados por el transporte del modo carretero, además de los inusitados riesgos geográficos que nos ubica en un alto nivel de atraso.

Es un hecho: El impulso a las vías de cuarta generación debe llegar con urgencia al Suroccidente de Colombia, lo de Buenaventura es vergonzoso, por Buga y Cali. Y lo de la linea férrea no hemos podido en 25 años, en que se privatizó el tren del Pacifico.

El trangulo de oro exportador de Colombia, es Cali - Buga - Buenaventura y Cali, con las reservas naturales más grande del area. Es un deber de la bancada congresista del Valle del Cauca, incluir en el Proyecto de Ley que declararía a Cali como Distrito Especial, Empresarial y Turístico, la vocación exportadora de bienes y servicios que tiene la ciudad, ampliándolo a las 3 grandes ciudades y allí entra el puerto seco de Buga, proyecto tan viejo como novedoso. Colombia debe asumir los grandes negocios naturales, de agua y energia por el mar de Balboa. 

También hay que tener claro que la zona de producción agrícola en Colombia de donde se supone que en el futuro se van a abastecer los países de la cuenca del Pacífico con productos del campo, ya no es el Valle del Cauca. Ahora, la producción agrícola se está trasladando paulatinamente hacia la Altillanura colombiana, es decir, hacia el Meta, Arauca, Casanare y Vichada. Lo demuestran algunos ingenios vallecaucanos -como Río Paila y Manuelita- que ya están invirtiendo en la zona de la Orinoquia, considerada el futuro agrícola e industrial del país. 

De allí que sea  básico conectar a Cali con esta región. Y todo indica que la salida es por Loboguerrero, pasando por Rozo, buscando el corregimiento La Nevera (ambos en Palmira), hasta llegar a Río Blanco, Tolima y el Municipio de Colombia, en el Huila. Y por allí conectar con la Altillanura. Si cumplimos con estos requisitos, entonces el libre comercio con la AP, tendrá futuro. Y la buena voluntad del Presidente Juan Manuel Santos para vender a Colombia como un país que no sólo exporta -clandestinamente- coca, no se quedará en eso… ¡en buenas intenciones!

 

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