Fiesta de la transfiguración del señor

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 05/08/2017 - 11:47am
Edicion
328

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

La Esperanza que nos anima

Daniel 7, 9-10.13-14:  «Y recibió el poder, el honor y la dignidad real»

Salmo. 97(96): «Tú, Señor, nos revelas tu gloria en las alturas»

2Pedro 1, 16-19: «Esa palabra es como lámpara que brilla en la oscuridad»

San Mateo 17, 1-9: «Y se transfiguró ante ellos»

El libro de Daniel quiere presentar a Dios como señor del tiempo y de la historia. En una época de enfrentamiento cultural y religioso entre la cultura sincrética helenística y la cultura tradicional bíblica, el autor quiere animar a sus contemporáneos a mantenerse firmes en la vivencia de la fe y a confiar en el Señor de la historia. Una época paralela a la nuestra, en la que intentamos vivir nuestra fe en un ambiente que no la considera significativa.

La fe de Pedro y de los apóstoles y las palabras de los profetas siguen siendo hay día «una luz» que ilumina nuestro camino de creyentes. El autor apela al hecho de la transfiguración para mostrar la filiación divina de Jesús. Fe primitiva y sencilla pero llena de fundamento. Celebrar la transfiguración es consolidar nuestra fe en Jesús. La confirmación que Jesús da a toda la Escritura anima al creyente para continuar creyendo en él como Hijo a pesar de la contradicción externa o interna. Así la predicación apostólica se convierte en verdadera antorcha que alumbra el camino del creyente.

Mateo nos relata la transfiguración del Señor ante sus tres discípulos escogidos .En este Evangelio los discípulos pudieron contemplar, aunque muy brevemente, la plenitud y la gloria de Cristo como fuente de plenitud, gloria y felicidad para el ser humano. Los discípulos quedaron reanimados en su fe, esperanza y determinación de seguir a Jesús en sus vicisitudes y de compartir su pasión.

Después de la transfiguración, aparentemente poco había cambiado en estos discípulos. Sus defectos continuaron siendo los mismos. Pero a la larga, cuando quedaron abandonados a sí mismos después de la resurrección de Jesús, y cuando la Iglesia naciente sufría privaciones y persecución en carne propia, el recuerdo de Cristo transfigurado fue una inspiración para seguir adelante.

La condición de toda nuestra vida cristiana en el mundo es una lucha para superar el mal y ser mejores. Como los Apóstoles, necesitamos ser confrontados y recordados del sentido último de esta lucha: Jesús gloria y plenitud, que estamos llamados a compartir para siempre.

Algunas preguntas para pensar durante la semana

1. ¿Qué precio (privación) he pagado por ser seguidor de Jesús?

2. ¿Traigo a la mente mi destino de felicidad con Díos, en mis tiempos de   crisis?

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