Una Secretaría del Espacio Público que lo ordene, programe, promueva

Por Carlos Botero el Sáb, 04/11/2017 - 10:28am
Edicion
341

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Por Carlos Enrique  Botero Restrepo

Arquitecto Universidad del Valle; Master en Arquitectura y Diseño Urbano, Washington University in St: Louis.

Profesor Maestro Universitario, Universidad del Valle. Ex Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle (de2012 a 2015) y Director del CITCE (Centro de investigaciones Territorio Construcción Espacio) de 2006 a 2010.


cada año, se prenden las alarmas de la prensa local alertando sobre la ocupación del espacio público por vendedores informales

Se acerca diciembre y, como cada año, se prenden las alarmas de la prensa local alertando sobre la ocupación del espacio público por vendedores informales. La única diferencia, esta vez, consiste en que se está haciendo con mayor anterioridad. Lo demás no cambia: se cargan baterías contra los que mantienen ocupados los andenes de algunas calles del centro de la ciudad por lo cual pronto se presentarán acciones de la fuerza pública para que, ojalá sin excesos, cumplan con un mandato que, dicen las autoridades, es del caso implementar.

Las operaciones previsibles no van a cambiar nada. Los ocupantes “ilegales” reaccionarán de manera oportuna cuando sus “campaneros” les adviertan de la inminencia operativa; recogerán sus alijos y se camuflarán entre los viandantes. Los andenes lucirán despejados y la prensa podrá registrar con sus fotos los resultados del ejercicio policial, contrastando dramáticamente con la situación del día anterior que, a su vez, se repetirá el día siguiente. La ocupación, porque el desalojo no es de repetirse; ya la foto está tomada para actualizar la información regular de cada año y eso es suficiente.

Esta situación nunca cambiará en Cali porque nunca habrá espacio público suficiente para dar cabida a todos los vendedores que no tienen otra alternativa que pelearse un metro cuadrado del espacio público básico para la movilidad, escuetamente llamado andén. Recordando que todo ciudadano es un vendedor en potencia que tendrá que hacerlo cuando caiga en el saco sin fondo de la desocupación, es necesario repetirlo con la misma frecuencia con que se manifiesta este fenómeno cada vez más cotidiano: no hay demasiados vendedores sino muy escaso espacio disponible. Y lo mejor que puede pasar es que efectivamente lo haya, que lo puede haber.

Como la situación no es exclusiva de Cali, vale la pena mirar lo que sucede en muchas ciudades comparables en el mundo. Edificación o espacio ocioso, abandonado o en proceso de “engorde”, debería habilitarse para que el propietario le de el uso temporal como feria de mercancías de temporada, o para que lo facilite y terceros agentes lo arreglen, lo ofrezcan, lo comercialicen, lo controlen y lo reintegren cuando pase la racha.

El parque de el barrio El Peñón se ha venido usando desde hace cualquier cantidad de años como espacio de ventas de cuadros y pinturas

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Se acerca diciembre y, como cada año, se prenden las alarmas de la prensa local alertando sobre la ocupación del espacio público

También parques, plazas y zonas verdes –espacio público efectivo como los bautizó la ley colombiana- son aptos para acoger estas actividades. De hecho se hace esto de manera regular en diversas partes de la ciudad sin que se pierdan la calidades de esos espacios. El parque de el barrio El Peñón se ha venido usando desde hace cualquier cantidad de años como espacio de ventas de cuadros y pinturas y no parece que ello demerite el lugar sino, más bien, le agrega colorido (aunque suene redundante) y animación dominguera.

Tiene esto en común con otros espacios similares donde se programan festivales gastronómicos para recoger fondos para una causa común, para patrocinar algo. Espacios donde se promueven actividades lúdicas colectivas, se escuchan conciertos y serenatas, o se disfruta de un mercado artesanal y campesino.  No fue eso la recién finalizada Feria del Libro?

El espacio público es el escenario insustituible para toda variedad de actividades eventuales y de ocurrencia regular, incluyendo el comercio. Pero hace falta una Secretaría del Espacio Público que lo ordene, programe, promueva y planifique obras de mantenimiento y mejoramiento, empezando por la construcción de baños públicos suficientes y estratégicamente localizados. Será posible incluso que la policía aparezca para ayudar y no para espantar la gente ni repartir garrote.

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