La autoridad pastoral según el Evangelio

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 04/11/2017 - 4:39am
Edicion
341

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

31° Domingo del tiempo ordinario

Lecturas: Mlq. 1,14 - 2,2b.8-10:«Se apartaron del camino y han hecho tropezar a muchos en la ley»

 Sal. 18 (17): «Mi corazón no es ambicioso ni pretendo grandezas»

 1Ts. 7, 7b-9.13: «Deseábamos entregarles no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas». 

Mt. 23,1-12: «No hacen lo que dicen». 

Comentario: 

Este domingo está dedicado al estilo evangélico de la dirección pastoral. En esta primera lectura el profeta reprende a los malos sacerdotes; aquellos que ya no se preocupan por la gloria de Dios y discriminan en su servicio al pueblo. La dirección pastoral debe tener en cuenta que ellos son servidores de Dios en la comunidad. San Pablo era un buen modelo de dirección pastoral, y este texto es un buen ejemplo. Un buen pastor es cariñoso y preocupado por su pueblo. Es pobre y desprendido. No quiere ser un peso para los demás. Predica la Palabra y no a sí mismo. Criticando los modos «doctorales» y «farisaicos» de dirección pastoral, Jesús pone énfasis en sus cualidades evangélicas. Algunas consecuencias para la vida de la Iglesia que podemos sacar de este Evangelio: a) un representante de la Iglesia puede ser mediocre, pero con todo su doctrina puede ser evangélica. Muchas veces la enseñanza de la Iglesia es mejor que sus ejemplos. En este caso, «hagan y observen todo lo que dicen, pero no sigan su ejemplo». b) los líderes en la Iglesia -en todos los niveles, también los laicos- no son creíbles si no practican ellos mismos las exigencias evangélicas que piden a los demás. Deben ir por delante de los demás en el sacrificio de ellos mismos. («Exigen pesadas cargas... ellos mismos no levantan un dedo...»). c) el liderazgo en la Iglesia es humilde y sencillo. No es una ocasión para lucirse. Dirigir en la comunidad cristiana no significa necesariamente subir a los primeros lugares en la vida social. d) al participar en el ministerio de Cristo, los líderes de la Iglesia son a menudo llamados «maestro» o «padre». En este contexto no está mal, con tal que uno recuerde que Cristo es el único Maestro, y que Dios es la fuente de toda paternidad; con tal que el líder sepa que él es también hermano y amigo de los demás, y actúe como tal. Al final Jesús nos recuerda que el servicio y la humildad son esenciales a la identidad del líder cristiano.

 Algunas preguntas para pensar durante la semana

1. ¿Podríamos decir de nuestro trabajo, sin ruborizarnos, lo que Pablo se atreve a decir del suyo? 

2. ¿Son tan limpias nuestras intenciones, tan generosa nuestra entrega, tan desinteresado nuestro trabajo? 

3. ¿Distingo entre lo bueno de la doctrina de la Iglesia y lo malo de los ejemplos de algunos de sus representantes? 

4. ¿Trato de practicar lo que como cristiano aconsejo?

Búsqueda personalizada