Privatizar visuales vs Espacio público

Por Carlos Botero el Sáb, 03/03/2018 - 6:10pm
Edicion
358

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Por Carlos Enrique  Botero Restrepo

Arquitecto Universidad del Valle; Master en Arquitectura y Diseño Urbano, Washington University in St: Louis.

Profesor Maestro Universitario, Universidad del Valle. Ex Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle (de2012 a 2015) y Director del CITCE (Centro de investigaciones Territorio Construcción Espacio) de 2006 a 2010.


Es muy diferente el Cali que se percibe en uno de los grabados de la ciudad y la región obra del dibujante que acompañaba a Edouard André en 1884 y publicado dentro del texto América Equinoccial, al que podría corresponder a cualquier momento entre los siglos XVI y XIX.

aparecieron los edificios de la plaza de Caicedo, más altos que los templos

Las novedades en el registro del caso son “el puente de Cali”, que así se titula el dibujo del caso, con sus cuatro arcos y sus cinco aliviaderos que comunicaba, finalmente y de manera permanente, los costados sur (barrio San Pedro) y norte (futuro barrio Granada). Por supuesto, la cúpula de San Francisco, templo que había sido terminado por los mismos años además de la catedral. El otro gran protagonista del grabado es el cerro Picoeloro, quieto, silencioso y tranquilo remate de la secuencia visual que permaneció por muchos años hasta cuando aparecieron los edificios de la plaza de Caicedo, más altos que los templos. Luego se ocultó el cerro del grabado tras los edificios del lado norte del río Cali. Hay que treparse a sus terrazas para poderlo divisar, pero estos son espacios privados que, terminaron privatizando las visuales que hacían parte del paisaje del espacio público.  

La cruel realidad presente y creciente hoy, es que el bendito y amado cerro tiende a desaparecer desde las visuales más características del casco urbano de la ciudad. Una prueba elementalísima que cualquier ciudadano puede hacer desde muy distintos parajes de la ciudad consiste en mirar el paisaje montañoso occidental de Cali. Por ejemplo, desde la carrera 15 con calle 32, barrio La Floresta, frente al parque Julio Rincón, mirando hacia el oeste, aparece (o casi desaparece) Picoeloro, remate visual, asomándose y resistiéndose a ser borrado, como ya sucede con las vallas publicitarias cuando el transeúnte se acerca a inmediaciones del Hospital Infantil y a la Biblioteca Departamental. No caer en nostalgias de las que solo quedan acuarelas como la de Edward Mark que incluyó al Nevado del Huila en su obra sobre la Plaza Mayor. Al dibujante de André no le “tocó” ver la cordillera central despejada, por ello no lo registró. Aún es posible ver sus dos picos nevados de vez en cuando y sin aviso, por supuesto no desde la plaza de Caicedo, a menos que uno pueda treparse a cualquier piso arriba del veinte en el edificio del antiguo Banco del Comercio ( hoy Corfigrancolombiana ); pero este es espacio privado.

las Tres Cruces, también asediadas por las enormes antenas

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Jesús levantó los brazos para protegerse de la amenaza que representaban esos enormes fierros, como armas poderosas

Los cerros de Las Tres Cruces y de Cristo Rey, en realidad existen como tales desde mediados del siglo XX, cuando muy cristianamente fueron instalados los respectivos monumentos. Alguien podrá contar el nombre que el primero tenía –si lo tenía de manera tan inconfundible como lo tiene ahora- y del segundo, que se trata del Cerro de Los Cristales, nombre que se va perdiendo ante la contundente presencia de Jesús con sus brazos extendidos. Un dibujante brasilero, dedicado a la caricatura política, comentaba con cierta ironía que las antenas que se han instalado al pie de la efigie venían muy oportunas para significar que Jesús levantó los brazos para protegerse de la amenaza que representaban esos enormes fierros, como armas poderosas. De las Tres Cruces, también asediadas por las enormes antenas comentaba que al menos estas intrusas le dejaban a los santos símbolos el derecho a portar brazos horizontales para contrastar con la verticalidad del conjunto de objetos que coronan la cima. En sus bosquejos relocalizó las antenas como aureola de Jesús, al que también le instaló pulseras y ordenó a todo su alrededor, como soldados guardianes a las antenas rectilíneas. Igual con las cruces  donde murió Jesús.

Los residentes de la calle 4 entre carreras 4 y 6 del barrio San Antonio –donde posiblemente hay más familias raizales en Cali- algún día de los primeros años de la década de los ochenta al salir de casa y mirar hacia el norte extrañaron que no veían más el cerro de las Tres Cruces: acababan de inaugurar la Torre Estelar dentro del predio del Hotel Inter. Nadie dijo nada. Tal vez ni siquiera recuerdan la vista de por lo menos cien años anteriores.

Esto es hacer paisaje, así sea sombrío.

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