La vida como expectativa

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 02/12/2017 - 10:04am
Edicion
345

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

I Domingo de adviento -B

Lecturas

Isaias 63,16b-17.19; 64,1. 3b-8: «¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!»

Salmo 89(79): «Señor, Dios nuestro, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve»»

1Corintios 1, 3-9: «Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo»

San Marcos 13, 33-37: «Velen, pues no saben cuándo vendrá el dueño de la casa»

Reflexión:

Iniciamos un nuevo «Año litúrgico», con el tiempo de «Adviento». Este tiempo litúrgico es una época de esperanza. La esperanza cristiana implica preparación, y la preparación es hecha a través de la conversión.

En la primera lectura del año litúrgico, y por medio de símbolos, Isaías transmite un mensaje poderoso: la conversión es un regalo de Dios. Sólo Dios puede lograr la conversión humana. Por lo tanto, El puede cambiar los corazones y las malas costumbres «como romper los cielos y derretir las montañas...».

El mensaje paulino a los Corintios es una oración de acción de gracias. También podemos repasarla como si fuera nuestra propia oración, reconociendo que todas las cosas buenas que tenemos vienen de Dios, tanto en lo material como en lo espiritual. En lo último, debemos incluir nuestra fe en Dios y nuestra preocupación en nuestro perfeccionamiento y conversión.

Otra vez el Evangelio toma la idea de Adviento como espera preparación. La preparación cristiana para la gracia prometida muchas actitudes (por de pronto, conversión) y Jesús ahora enfatiza la necesidad de estar en guardia.

Los ejemplos que El usa son enigmáticos. El quiere transmitirnos la idea de que las visitas de Dios son inesperadas, porque El no sólo habla de la Navidad, sino también de toda gracia que viene   ofrecida por Dios.

En este sentido, muchas veces Dios viene a nuestras vidas inesperadamente, viene aprovechando diferentes situaciones y eventos para mostrarnos su amor y para llamarnos a la conversión. A pesar de que en muchas instancias la gracia de Dios pasa al lado sin tocarnos, porque nosotros no la reconocemos. Una muerte súbita de un amigo, enfermedad, una conversación, un encuentro con el sufrimiento de gente pobre, son a veces eventos que ocultan una gracia y la llamada Dios.

Y para agarrar el Espíritu de Dios que pasa por nuestras vidas debemos estar en guardia.

Debemos tener nuestra fe alerta y completamente despierta. Por encima de todo, debemos guardar nuestra esperanza: la Esperanza cristiana es la seguridad en Dios que nos llama muchas, muchas veces todos los días, y muy especialmente durante acontecimientos de gracia como la Navidad.

Algunas preguntas para pensar durante la semana

1. Pensemos en algunas visitas inesperadas de Dios en nuestras vidas?

2. ¿He estado yo siempre guardia? ¿Por qué no?

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