¿Ciudad? ¿Especial? ¿Distrito?

Por Benjamin Barne… el Sáb, 02/02/2019 - 11:59pm
Edicion
406

Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011


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más atarbaneria y menos civismo

tener en una ciudad cada vez con más habitantes pero menos ciudadanos; más inseguridad y accidentes pero menos control y autoridad; más motos y carros pero menos buses y ningún tren de cercanías

Más no siempre es mejor y menos con frecuencia es peor. Como lo es tener en una ciudad cada vez con más habitantes pero menos ciudadanos; más inseguridad y accidentes pero menos control y autoridad; más motos y carros pero menos buses y ningún tren de cercanías; más vehículos privados pero menos andenes públicos o más malos o inexistentes lo que es peor; más ruido pero menos sonidos y murmullos y músicas que a más volumen menos se oyen; más atarbaneria y menos civismo; más “cemento” pero menos “verde”; más contaminación del aire pero menos agua; en fin, mas construcciones pero menos arquitectura. Más pueblo grande pero ¿ciudad? ¿especial? ¿distrito? de verdad lo es menos.

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los que manejan la ciudad desde lo público como desde lo privado, que parece que sólo pensaran en lo económico

El caso es que lo puramente económico aislado totalmente de lo social fácilmente lleva a una política corrupta

Más economía/ética y menos negocio/oportunismo en todos los aspectos de la ciudad es lo procedente, en tanto artefacto como en el comportamiento de los ciudadanos en él, e igual, y más importante, respecto a los que manejan la ciudad desde lo público como desde lo privado, que parece que sólo pensaran en lo económico sin mayor ética, lo que con mucha frecuencia simplemente es corrupto. El caso es que lo puramente económico aislado totalmente de lo social fácilmente lleva a una política corrupta que permea lo cultural desintegrándolo, en este caso las ciudades y el comportamiento de la gente en ellas, y en últimas su calidad de vida y hasta su vida misma y la de los que lo siguen.

Más técnica/conocimiento y menos arte/especulación es lo que cabría esperar del urbanismo, la arquitectura y la construcción en las ciudades si no fuera por el negocio/oportunismo mencionado arriba, responsable del fraude repetido en que se han convertido, destruyendo de paso los contextos urbanos tradicionales y el patrimonio construido, incluso el supuestamente protegido por ser de interés cultura, los llamados BIC. Es increíble que la gente aspire a adquirir vivienda a partir de una propaganda engañosa en todo lo que “vende” recurrente cada vez más por parte de los promotores de la industria de la construcción: imágenes engañosas y datos falsos que  cualquiera debería rechazar de inmediato.

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la destrucción de la naturaleza, su biodiversidad y sus fuentes de agua dulce

la destrucción de las tradiciones, costumbres y usos, lo que ha llevado a que las diferentes generaciones y estratos sociales ya no convivan positivamente

Más construcción/reutilización y menos destrucción/demolición es lo responsable de frente a la sobrepoblación, y extensión y rapidez del cambio que se genera, como igualmente considerando la alteración que se le ha producido al clima junto con la destrucción de la naturaleza, su biodiversidad y sus fuentes de agua dulce. Pero también la destrucción de las tradiciones, costumbres y usos, lo que ha llevado a que las diferentes generaciones y estratos sociales ya no convivan positivamente, y por supuesto a mas inseguridad, atarbanería, abandono y fealdad. Y está la obsolescencia programada de los objetos de uso cotidiano, como la inducida de casas y pequeños edificios para dar paso a unos más grandes.

Más que una meta en el horizonte debería ser un propósito político de todos y una obligación de los elegidos

Más casas/barrios y menos apartamentos/edificios para más ciudad, con menos “torres” y más centralidades peatonales, más transporte público y menos carros, para mejor calidad de vida, más citadina y menos salvaje. Más que una meta en el horizonte debería ser un propósito político de todos y una obligación de los elegidos, y por eso mismo una ineludible responsabilidad de los que los eligen, especialmente de esa mayoría de los que simplemente no votan; pero cómo convencerlos si tampoco leen o lo hacen mal, como se puede comprobar en los comentarios a la carrera que se hacen a las noticias, o que aquí nada cambia, o que cómodamente están atenidos a que los dioses así lo quieren.

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