No a la intervención, si al dialogo civilizado

Por Luz Betty Jime… el Sáb, 02/02/2019 - 1:08am
Edicion
406

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.


 

Venezuela se ha convertido en una especie de “caldero del diablo” para quienes consideran que la opción  para recuperar la institucionalidad democrática es la intervención militar, auspiciada en este caso por el gobierno de los Estados Unidos, la cual ha suscitado en diversos sectores democráticos e independientes del gobierno de Maduro innumerables inquietudes y suspicacias luego de conocerse una nota en la libreta del asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, en donde de manera sucinta se prevé destinar 5.000 tropas para Colombia (5.000 troops to Colombia), lo que presupone que el gobierno del presidente Donald Trump está planeando con su equipo de asesores en seguridad una eventual invasión a Venezuela desde territorio colombiano, lo cual podría transformarse en un hecho incruento e inminente sí el gobierno del presidente Maduro utiliza la fuerza para expulsar a los funcionarios diplomáticos asignados a dicho país.

No olvidemos que el presidente Trump ha sugerido en otras ocasiones la posibilidad de intervenir militarmente a Venezuela al advertir que “todas las opciones están sobre la mesa”.

Mientras tanto se intensifica la intervención política y diplomática y se imponen sanciones económicas al gobierno venezolano que resiste la ofensiva de los gobiernos de varios países de América Latina, de la OEA y del parlamento europeo que le dio un plazo de 90 días al gobierno de Maduro para convocar a elecciones con el objeto de separarlo del poder del Estado, sin tener en cuenta que el gobierno además de tener un origen democrático por ser elegido con el voto popular ha abierto las puertas del diálogo con las fuerzas de la oposición, en tanto que en la Constitución Venezolana se establece la posibilidad de revocatoria del mandato del presidente de la República, lo cual constituye una prerrogativa única en América Latina. 

Esta diatriba contra el gobierno venezolano tiende a persuadir a la opinión internacional del carácter ilegítimo e ilegal del régimen. Para ello la táctica a seguir por la oposición es tratar de romper la unidad de las fuerzas militares al interior del país precedida de una “guerra sicológica” que se supone minaría la conciencia de las fuerzas militares venezolanas que finalmente según se dice, le asentarían un golpe de Estado al gobierno del presidente Maduro.

Independientemente de sí se está o no de acuerdo con las políticas del régimen que preside el presidente Maduro, lo cierto es que la injerencia de uno o varios Estados en los asuntos internos de otro Estado, ya sea de manera abierta o soterrada, constituye una violación flagrante de la soberanía estatal y nacional de cualquier país, sea esta de carácter económico, político, diplomático o militar. Está claro que la intervención bajo cualquiera de sus formas y modalidades constituye una injerencia indebida en los asuntos de Venezuela, lo cual es contrario al principio internacional de la no intervención. 

En esta oportunidad habrá que señalar la actitud colaboracionista del gobierno de Santos y del presidente Duque con la oposición militarista, interesada en recuperar el poder económico y político para continuar explotando el trabajo del pueblo venezolano y los recursos naturales del país para su propio beneficio, a todo lo cual se opuso el Chavismo, en tiempos en que la solución política de los problemas que afrontan las viejas y nuevas generaciones de venezolanos no deben resolverse con golpes de Estado o con la participación de un grupo de conspiradores, como tampoco trasladando de un país a otro la revolución social desligada del pueblo.

Mientras tanto habrá que solucionar el problema migratorio generado por la situación económica y social que se vive en Venezuela derivada en buena parte del bloqueo económico, político y diplomático impuesto por la oposición interna y externa, limitando así la posibilidad de obtener ingresos provenientes de la venta del petróleo agravada con la reducción de los precios de venta y por supuesto por un manejo errático de la economía del país que han impedido que el Estado pueda atender las necesidades del conjunto de la población. Circunstancia esta que ha sido aprovechada por la oposición para manipular la conciencia de los venezolanos. 

Cualquier cambio en la vida económica, política y social de Venezuela conlleva necesariamente a emplear todas las formas y métodos pacíficos de la lucha social, atendiendo no solo la situación concreta sino la correlación de fuerzas existentes en el país, a fin de que las fuerzas democráticas y progresistas logren superar los escollos y dificultades que oponen las fuerzas del viejo y desueto régimen político e institucional, que tiende a recuperar el poder del Estado utilizando para ello la violencia y el engaño, precedidos de la demagogia electoral y el populismo antes y después de acudir a la intervención político y militar.


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