Se acerca nuestra liberación

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 01/12/2018 - 1:22am
Edicion
397

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

 

Primer domingo de adviento -C

Evangelio san Lucas 21,25-28.34-36

Llega el adviento, un llamado a vivir la esperanza cristiana. El hombre siempre ha deseado tener un salvador. Dios mismo lo ha prometido y lo ha enviado. El adviento nos invita a una memoria y a una espera. La memoria del nacimiento del salvador hace más de 2000 años. Y la espera de la realización final de la salvación.

Ella no es una ilusión vana sino un poderoso atractivo que de parte de Dios nos lleva hacia el futuro. La esperanza no la inventamos nosotros como solución a nuestros problemas. La esperanza nos la ofrece Dios mismo y tiene la seguridad de sus obras.

El pueblo de Dios de la primera alianza fue educado por Dios en la esperanza. A través de unas promesas que iluminan el futuro Dios lo fue llevando a través del tiempo hacia Jesucristo.

Esperanza paciente

¿Qué significa para un cristiano la esperanza? Fácilmente la confundimos con una frágil ilusión. Tantas veces ponemos nuestra esperanza en realidades ilusorias. Pero la esperanza cristiana es distinta. No se basa en los deseos quiméricos de nuestra imaginación sino en la solidez de la Palabra de Dios. La esperanza es el futuro de Dios revelado al hombre. La esperanza es la atracción de Dios hacia nosotros para llevarnos inexorablemente hacia él. Desde que el hombre aparece en la tierra empieza su marcha hacia el futuro que tendrá término finalmente en el interior de Dios.

«Ya», pero «todavía no»

El tiempo de adviento nos encamina a la Navidad. La palabra de Jeremías tiene cumplimiento en el misterio del nacimiento en carne humana del Hijo de Dios, en la línea de David. Han pasado siglos y la humanidad, que debe aprender a caminar en la paciencia de Dios, se llena de gozo por el nacimiento del salvador. El reino de justicia y derecho que vino a traer y para el que abrió camino a través de su vida, de su palabra y de sus obras está todavía por construir. Su ideal choca siempre con la malicia humana que impide la realidad de ese reino.

Pero adviento nos invita a mirar sobre todo hacia el futuro. El Reino de Dios no ha terminado sino que está en perpetuo camino de realización. El cristiano es hombre de esperanza. Todo debe tener una culminación y esa es nuestra definitiva esperanza. El Señor dijo a sus discípulos que volvería pero con una realidad muy distinta. La Iglesia vive en esa expectativa. Lo primeros cristianos gritaron ansiosos el Ven, Señor. Incluso la Biblia nos lo conserva en el idioma original que se hizo familiar también a los de otras culturas: Maraná tha.

El Señor, nuestra justicia

Ese proyecto divino llevado a su plena realidad es la salvación, lo que la Biblia llama la paz. Jerusalén tendrá un nuevo nombre: El Señor, nuestra justicia. Empobrecemos el contenido bíblico de la palabra justicia cuando le damos simplemente la dimensión de lo jurídico y lo contractual. La justicia es la actividad divina que hace en el hombre la salvación. A quien sigue los caminos del Señor le damos el nombre de justo.

La promesa divina se concretiza en la persona de Jesucristo, el Hijo de Dios, el único Salvador. Ya entró al mundo en la encarnación, vivió nuestra vida, nos enseñó el camino que lleva al Padre Dios. El mismo recorrió ese camino y nos lleva con él en su cuerpo que es la Iglesia. Pero vivimos el tiempo intermedio entre su venida primera y su regreso. Este será distinto del primero: la coronación de su misión salvadora para entregar al Padre el Reino.

En espera del Señor vivamos en el amor mutuo que él mismo nos concede. Pablo mismo se declara como aquel que ama a sus hermanos. Fortaleza requerida para una fe que espera y se siente sin respuesta inmediata. Santos e irreprochables: es la vocación de todo cristiano y cristiana. La santidad no es privilegio de unos sino compromiso de todos. Para cumplir ese cometido es necesario vivir empapados del Evangelio, mostrando en la cotidianidad de la vida la presencia del Dios que nos habita y de quien damos testimonio ante el mundo.

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