Los Farallones de Cali

Por Nicolas Ramos Gómez el Sáb, 01/09/2018 - 1:24pm
Edicion
384

Nicolás Ramos G

Ingeniero Civil , ex gerente de Emcali y ex Presidente de la SMP


En el verano en los años de 1934/35 el caudal del Río Cali, por la completa deforestación de su cuenca, bajó a menos de 250 lts/segd y gran parte de la ciudad se quedó sin el suministro de agua. Por ello el Concejo Municipal creó la Junta Pro-aguas para adelantar su recuperación y  la Inspección Municipal de Bosques para su vigilancia.

Gracias a la gestión del Dr. Joaquín Borrero Sinisterra, un gran servidor de la ciudad, le adjudicaron al Municipio de Cali, a través de dos Leyes, la totalidad de los terrenos baldíos de la Nación en su territorio, entre ellos el actual Parque Nacional de los Farallones de Cali.

La labor de la Junta Pro-aguas, que funcionaba con recursos de las Empresas Municipales de Cali, permitió la compra de los terrenos esenciales para evitar la creciente erosión

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que las buenas prácticas del pasado para el cuidado de las cuencas de nuestros ríos, no solo no se olviden

La labor de la Junta Pro-aguas, que funcionaba con recursos de las Empresas Municipales de Cali, permitió la compra de los terrenos esenciales para evitar la creciente erosión y en acuerdo con Staka, una filial del llamado  Punto IV de cooperación de EE. UU., recibió asesoría técnica. Así adelantó la compra y el repoblamiento forestal de los terrenos. El 85% de los terrenos de las cuencas de los ríos de la ciudad son de su propiedad, en los cuales sigue campante la minería ilegal y el talado el bosque para la invasión (los bosques originales habían proveído por décadas de madera a la ciudad).

Por razones que desconocemos o por suponer que la CVC, la de los “cuentos verdes”, ejercería su cuidado y control

Por razones que desconocemos o por suponer que la CVC, la de los “cuentos verdes”, ejercería su cuidado y control, EMCALI, en mi opinión, siendo usuaria del agua, irresponsablemente suspendió la Superintendencia Forestal y el cuerpo de guardabosques que existen en todos los bosques del mundo. Esa Superintendencia y su cuerpo de guardabosques llegaron a controlar los incendios en un 100% e impidieron la tala del bosque. Con su supresión comenzó la tragedia de los ríos en invierno y en verano y quiera Dios que en el próximo verano la Planta de San Antonio, que gracias a la reforestación de la cuenca del Río pudo en 1958 doblar su capacidad, no vea afectado su funcionamiento por falta de agua.

Es triste ver como los países subdesarrollados, por algo lo somos, eliminamos o dañamos lo que nos funciona. Esperamos que las buenas prácticas del pasado para el cuidado de las cuencas de nuestros ríos, no solo no se olviden, sino que pronto se retomen para bien de toda la comunidad, máxime con los fenómenos del cambio climático por el calentamiento global.

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