La fidelidad a Cristo es absoluta

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 01/07/2017 - 7:34pm
Edicion
323

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

13° domingo del tiempo ordinario

2Reyes 4, 8-114-16a: «Ese hombre de Dios es un santo»

Salmo 89(88): «Cantaré eternamente las misericordias del Señor»

Romanos 6, 3-4.8-11: «Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él»

San Mateo 10, 37-42: «El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí »

Al realizar su ministerio y pasar continuamente por un mismo camino de Sunem, Eliseo pasó a ser conocido por esa mujer importante (influyente, rica), la cual lo invitaba a comer a él y a su criado Guiezi, pues seguramente los veía cansados. El hombre de Dios es agradecido con Él y con las personas que le ayudan y desea favorecer en algo a la sunamita.¿Qué le faltaba a esta mujer que ningún rey terrenal le podía dar?

Dios cumplió su promesa en ella. El hijo que Dios le concedió seguramente le proporcionó más alegría que tener un esposo bueno, que tener muchos bienes y muchas influencias.

La vida del cristiano debe ser, según Pablo, una vida a semejanza del Cristo resucitado: la  inmersión en el agua bautismal es, efectivamente, el signo de la inmersión, de la participación en la muerte de Cristo para resucitar con El a una Vida Nueva, diferente de la anterior y que nazca como fruto de la incorporación a Cristo. Esta nueva vida supone un dominio creciente sobre «nuestra vieja condición» hasta llegar a la plenitud de vida el día en que definitivamente «viviremos con El» (v. 8), hasta que Crtisto sea formado en nosotros (cfr. Gál. 4,19), cuando en nosotros llegue a plenitud el «vivir para Dios» (v. 10) y «la muerte al pecado» (v. 11). El Evangelio exige que el amor a Jesús debe superar al amor a los padres y a los hijos.

Como en el AT Yahvé es un Dios celoso, también ahora la fidelidad a Cristo es absoluta: no admite a su lado otras fidelidades que la puedan enturbiar. Los discípulos forman parte de una nueva Comunidad que tiene unos lazos mas fuertes que los de la sangre.

Jesús no reclama el afecto de sus seguidores, porque no es un líder frustrado y frustrante que quiera acaparar el mundo del sentimiento de sus discípulos, sino colocar este en el marco objetivo de un horizonte último. Lo que pide Jesús es que sirvan a un objetivo para el bien común.

La cruz de Jesús es la consecuencia del compromiso libremente asumido de revelar laBuena Noticia que Dios es Padre y que por tanto todas las personas deben ser aceptadas y tratadas como hermanos y hermanas. Por causa de este anuncio revolucionario, Jesús fue perseguido y no temió dar su vida. No hay prueba de amor más grande que dar la vida por el propio hermano.

Para el misionero y para el discípulo es muy importante saber que no quedará solo. Si es fiel a su misión tendrá la certeza de que Jesús se identifica con él y a través de Jesús el Padre se revela a aquéllos a quienes el misionero y el discípulo anuncian la Buena Noticia. Y así como Jesús reflejaba en Él el rostro del Padre, así el discípulo debe o debería ser espejo donde la gente pueda ver algo del amor de Jesús.

Algunas preguntas para pensar durante la semana

1. ¿A qué te compromete la Palabra de este Domingo?

2. ¿Qué ha movido la oración en tu interior?

3. ¿Qué enseñanza encuentras?

4. ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

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