La confianza en la Providencia de Dios

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 01/07/2017 - 9:33am
Edicion
322

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

12 domingo del tiempo ordinario -A

Jeremías 20, 10-13: «Libró la vida del pobre de manos de los impíos»

Salmo 69(68): «Que me escuche tu gran bondad, Señor»

Romanos 5, 12-15: «No hay proporción entre la culpa y el don»

San Mateo10,26-33: «No teman a los que matan el cuerpo»

La fe y la adhesión personal de los discípulos a Jesús deben manifestarse en la proclamación abierta y clara del mensaje del Maestro. La vida o la muerte, la salvación o la perdición definitiva de cada persona dependen de la postura que cada uno tome ante Cristo.

La primera lectura nos cuenta lo que le pasó al profeta Jeremías. Su misión no era aceptada por las autoridades ni por el pueblo. Y representaba lo que Dios quería para bien de la nación en un momento crítico de su historia. El auténtico enviado y profeta no se entretiene en adular al auditorio ni se apoya en la popularidad. Proclama fielmente la Palabra de Dios y se apoya únicamente en el Señor que le envía.

A pesar de su dolor, el salmista está tranquilo, Dirige su corazón a Dios. Si no le responde ahora, sabe que un día lo escuchará. No duda de su amor misericordioso y de su piedad paternal. El salmo nos invita a saber esperar la hora de Dios, una hora llena de luz.

En el párrafo total de Rom. 5, 12-21 quiere Pablo destacar la importancia de la obra de Cristo destacando algunas de sus características que resaltan en comparación con el pecado de Adán. Para ello presenta rápidamente este pecado y pasa a ponderar el don de Dios en Cristo. Esto es lo realmente importante de la perícopa y menos, en cambio, la doctrina sobre el pecado original.

Los puntos que resaltan principalmente en esta comparación son: la universalidad de la gracia, su gratuidad, su totalidad. De la misma manera que el hombre se encuentra envuelto en la historia mal hecha por culpa del propio hombre, así mucho más está también en la historia de la salvación.

En el Evangelio Jesús exhorta y enseña a sus discípulos cómo superar las situaciones  desfavorables. La palabra que llevan de parte de Dios es perturbadora, incómoda, cuestionante. Pide al hombre confiar en Dios, creerle, aceptar su plan salvador, dejar de confiar en las solas fuerzas humanas. Y muchas otras actitudes difíciles de entender como el amor al enemigo, aceptar la cruz, escoger el camino del servicio, no endiosar el dinero. Todo esto muy fuera de los intereses ordinarios del hombre: en el fragmento que proclamamos en este Domingo, el Señor pide a sus  discípulos-misioneros hablar francamente y sin temor Ante las situaciones desfavorables descritas y el dilema, la palabra de Jesús a los suyos gira en torno a una expresión, repetida tres veces con fuerza: «No tengan miedo».

Estamos llamados a actuar con coherencia y confianza en el Señor. Si sufro rechazo o ataques, pondré mi temor a los pies del Señor y me liberaré de sentimientos negativos que me frenan en la misión.

Algunas preguntas para pensar durante la semana

1. ¿Cuáles son los miedos que invadían a los discípulos?

2. ¿Cuáles son las formas de negar al Señor hoy?

3. ¿Has sufrido o te han perseguido alguna vez por causa de tu compromiso con el anuncio de la Buena Nueva que Jesús nos envía?

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