¡A la calle!

Por Paloma Valenci… el Sáb, 01/04/2017 - 6:18am
Edicion
310

Paloma Valencia Laserna

Senadora de La República

Saldremos a la calle, muchos o pocos, pero saldremos con tantas razones que a duras penas cabrán en las calles. Una marcha contra Santos y su desgobierno.

Este gobierno, como lo muestran las encuestas, es evaluado por lo colombianos como el peor gobierno de nuestra historia. A su vez, la historia tendrá que ser aún más severa. Un gobierno desconectado de los colombianos que truncó el rumbo de acción efectiva del Estado. La incapacidad de gobierno de Santos se evidencia todos los días, ni siquiera pudieron hacer las zonas de concentración de las Farc, que sin duda les interesan.

Se trata de un gobierno típico del despotismo ilustrado, que se pretende más sabio que su pueblo y por lo tanto se siente superior en su capacidad de determinar lo que es conveniente. Por eso no tuvieron reparos en desconocer el plebiscito. Sin consideraciones simplemente pisotearon la decisión mayoritaria de los colombianos. Y esa es solo la culminación de un proceso que se inició desde el principio del gobierno, cuando traicionaron al electorado que lo había elegido como sucesor de unas precisas y determinadas políticas.

Insisten en que son un buen gobierno y cuando son confrontados frente a la baja popularidad del Presidente, sobre el pesimismo que tiene la mayoría de los colombianos; se limitan a decir que se trata de un problema de comunicación (como sin no hubieran invertido miles de millones en publicidad para convencernos de sus logros). Lo cierto es que si bien en algunos aspectos de la vida nacional hay logros, la mayoría de los colombianos no se sienten bien representados ni bien gobernados.

Haber desconocido siempre la voluntad popular, es símbolo del enorme despreció que les merece la nación colombiana. Así trato al Congreso -representante de la sociedad- cuando lo anuló, quitándole la iniciativa y convirtiéndolo en un notario con el fast track, que fue la culminación de la esclavitud de la mermelada.

Se trata de un gobierno que desconoció la Constitución y que al arrasarla, destruyó la precaria credibilidad de las instituciones. Refundó el Estado con un grupo narcotraficante y terrorista. Sustituyó el sistema judicial, y ahora la emprende contra las propias normas electorales para favorecer a los violentos: que no pagarán cárcel por sus crímenes de lesa humanidad y gozarán de representación política aunque no tengan ni un voto. Hoy para nuestra desgracia, un grupo terrorista tiene mejor favorabilidad que el Presidente y que muchas de las instituciones.

Ahora tenemos 200 mil hectáreas de coca y perderemos -seguramente- las ayudas del plan Colombia. Para justificarlo ya pretende Santos culpar al Centro Democrático, o lo que es peor a un reducido grupo de ciudadanos que escriben una carta contextualizando sus preocupaciones. Tilda a la oposición de violenta y virulenta, cuando a los narcoterroristas -que no escribían cartas sino que asesinaban, secuestraban, reclutaban a los colombianos les ofrece poder, impunidad y abrazos. Santos no es un demócrata, ni un buen presidente. Los efectos de la dilapidación de los recursos públicos y la reforma tributaria se sentirán con fuerza este año. Mientras los colombianos sentirán en golpe en sus bolsillos, su gerente de la campaña Roberto Prieto ha recibido más de 100 mil millones de pesos en contratos.

Marcharemos con entusiasmo porque aunque el Gobierno no oiga, seguimos aspirando a más para Colombia.

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