Un clásico que fue una batalla campal

Partido entre América y Deportivo Cali terminó en desórdenes alrededor de Pascual Guerrero

Este año Cali y América sólo se verían dos veces y la de anoche era una de ellas, momento que los hinchas aprovecharon para hacer un desorden monumental, que seguramente tendrá consecuencias.

Por Redacción Deportes*


El partido empezó con una previa cargada de odio con dos equipos en situaciones y torneos muy diferentes. Ambos oncenos llegaban con dificultades en sus presentes, el América cayendo en la tabla al quinto lugar cuando su meta era permanecer primero y cabalgar el torneo. Y el Cali, con un poco más de oxigeno tras el relevo de su técnico y la victoria del sábado.

Sin importar el presente, del clásico suele decirse que es un partido que no se juega sino que se gana, adagio que admite un subtexto, “se gana a como dé lugar e incluso, sin importar cómo”. Pues bien, esto fue precisamente lo que pasó, en un partido que fue un tratado de anti-futbol, más una historia de desorden y refriegas que de buen futbol.

Desmanes en la previa

Era la tarde de un miércoles nubado, los seguidores de los dos conjuntos se situaron a los alrededores de los estadios donde empezó la hostilidad y los roces debido a la batalla verbal que había empezado antes en las redes sociales.

Era la primera vez que se encontraban después de que América descendió en diciembre pasado y todo fue sufrimiento: estaban aún latentes en la memoria las burlas, los insultos y el dolor causado por una hinchada verde que se dedicó a cobrar por redes sociales y por otros medios el descenso de los diablos rojos a la segunda categoría del futbol.

Por ello, no tardaron en desatarse las primeras refriegas, animadas por los cánticos y los ecos de unas burlas que ya no a lugar.

Temprano, la policía debió ponerse sobre aviso y varias unidades de policías montados rodearon el Pascual. De hecho, las autoridades debieron prever el ambiente adverso que precedía este clásico  pero no lo hicieron. Un operativo de seguridad anunciado desde el día anterior, y enfocado a la neta seguridad del escenario, no fue suficiente y los 1000 efectivos de la policía se vieron a gatas para contener los conatos de peleas. Ya iban 19 capturados poco antes de las 6:00pm.

 

Los comerciantes cerraron sus locales, las turbas se parapetaban en sus esquinas y el tráfico se detuvo; los trancones en las vías aledañas se extendieron por varias cuadras. Aun faltaban dos horas para el inicio del encuentro y ya los heridos se remitían al HUV; habían llegado varios apuñalados, algunos de los cuales, reporta Laureano Quintero, se encuentran ahora en estado crítico por la gravedad de las heridas.

Sin empezar el partido, y con el ambiente tenso, las tribunas se fueron decantando en sus dos colores característicos, aunque fue más nutrida la asistencia del América que oficiaba de local, para el partido de la copa Colombia.

A pesar del súbito y polémico aumento de la boletería, denunciado por el lado verde, las tribunas reservadas para los azucareros también mostraron una copiosa afluencia.

Esta sería una de las únicas dos veces que se verán este año los dos equipos después del descenso del América, y los hinchas aprovecharon para hacer un desorden que seguramente no se olvidará en el resto del año, ni por las autoridades ni por el país futbolístico.

La caldera del infierno

Cuando por fin las escuadras saltaron al gramado del Sanfernandino, la noticia ya era otra. Poco importó que el rojo viniera con la ‘pesada’ de su equipo principal y que el verdiblanco alineara un cuadro alterno que pesó casi nada. En el campo los 11 contra 11 eran dos protagonistas de una historia que ahora escribía una nueva página: la del desorden en una atípica copa menor, que ahora cobraba una importancia que nunca tuvo.

Razón tenía el alcalde Rodrigo Guerrero en pedir que no se hicieran más estos partidos en la noche, puesto que equivalía a dejar la ciudad sin mil policías durante las horas más críticas. Y con este comportamiento, probablemente habría que pensar en mas hombres, porque estos jóvenes, en su mayoría hinchas de barras bravas, no parecen tener una figura de autoridad ni un respeto por el pacto de paz que previamente habían firmado las directivas de las barras en el mismo Pascual, el día anterior. Según informa Caracol, los pactos no sirvieron porque sólo se firmaron entre barras locales, pero a Cali llegan barras de otros municipios que no compartían o desconocían los acuerdos.

Como sea, el partido fue sólo un tránsito al infierno que se vendría a la salida de los espectadores; donde se temía por los actos vandálicos que afectarían, como en el pasado, las estaciones del MIO. 

Con al menos 12 tarjetas amarillas y una cantidad de faltas no sancionadas, el partido fue reflejó de la fea refriega que también se vivía afuera. Este clásico ha adquirido una connotación nociva y perversa que sólo se explica por el pasado triste e inmediato de ambos conjuntos.

Total, tras gol de Julián Lalinde en un descuido de la zaga verde, el América se llevó un modesto botín que sólo podría conseguise con una individualidad un error, como a la postre sucedió, de dos equipos que mostraron un futbol nivelado por lo bajo.

A la salida, lo dicho: más desordenes en la calle quinta, atracos, conatos de peleas, piedras, carabineros y motorizados en medio del desorden, todo un bochornoso espectáculo que desdibujó lo poco o nada que se vio en el gramado. 

Desde ya se esperan sanciones para un estadio que a pesar de los $120 mil millones que invirtió, aún no está terminado y deja mucho margen para los desmanes y el desorden.

El saldo 135 detenidos, decenas heridos, 11 de ellos con heridas de consideración, algunos apuñalados que están en observación. El saldo deportivo, 3 puntos para el rojo en la susodicha Copa Postobón, que se juega de manera zonal y que no define mucho, un gol para la estadística y otro ‘lunar’ para la historia de los choques entre rojos y blancos; pero ante todo, la certeza que los odios y rencores alrededor del futbol, se pagan tristemente, en las calles.

De otra parte, el América informó vía comunicado que su arquero titular Libis Arenas, quien venía como titular, será separado del plantel por indisciplina. La decisión se suma a la sanción de su otro titular, Julián Viafara, sancionado el año anterior por dopaje. Este es parte del comunicado:

“La decisión obedece a algunos actos de indisciplina comprobados por el cuerpo técnico, que atentan contra el buen desempeño del equipo y con ese propósito de volver a la categoría A”.